3° Encuentro
v Evangelii Gaudium del Papa Francisco, lo abreviaremos “EG”
Oración Inicial: Todo encuentro se inicia con “tomar conciencia” de que existimos en la presencia de Dios, toda nuestra vida está bajo su tierna mirada de Padre. Es por eso que para este primer momento te invitamos a que ayudes a los participantes a “tomar contacto” con la presencia de Dios que nos envuelve por todas partes. Para eso te proponemos hacerlo de la forma habitual del grupo, o bien te sugerimos utilizar algún canto de invocación al Espíritu Santo o alguna oración dirigida a Él, también puede ser con un salmo como el 139. La ambientación, si bien no es lo esencial puede “abonar el terreno”. Ayuda mucho tener algún altarcito donde colocar algunos símbolos significativos: la Cruz, la Virgen, la Biblia, una vela, etc. Lo importante es que todos tomemos conciencia de que nos ponemos en las manos de Dios.
Oración al Espíritu Santo: Ven Espíritu Santo y llena los corazones de tus fieles, enciende en ellos el fuego de Tu Amor. Envía tu Espíritu y todo será creado y renovarás la faz de la tierra. Oh Dios, que iluminaste los corazones de tus fieles con la Luz del Espíritu Santo, haz que, guiados por ese mismo Espíritu, saboreemos la dulzura del bien y gocemos siempre de su divino consuelo. Por Jesucristo, Nuestro Señor. Amen.
Experiencia vital: Como en todos nuestros encuentros partimos de la experiencia vital de los miembros del grupo como “la tierra” en la cual sembraremos la Palabra. Lo que se busca en este momento es descubrir que la misión es algo que hace toda la Iglesia como pueblo y que cada discípulo-misionero está llamado a comunicar lo recibido. Te puede servir leer EG 111, 114, 120 y 121 que los encontrarás en el anexo.
Dinámica: Mediante un ejercicio de memoria vamos a ir trayendo al presente a todas aquellas personas que nos “misionaron”, que nos anunciaron a Jesús regalándonos la fe. Estas preguntas podrían ayudar al grupo a ir recordando, se pueden hacer de forma grupal o bien de forma personal y luego poner en común, conociendo al grupo, podes elegir cualquiera de las opciones.
v ¿Cuál fue la primera oración que aprendí? ¿Cuántos años tenías? ¿Quién me la enseñó?v En casa ¿había un “altarcito” con los santos? ¿Qué otras prácticas de fe hacíamos en casa, por ejemplo bendecir la mesa, pedir la bendición, cosas que se podían hacer y no en Semana Santa?v ¿Quién me llevó a la catequesis de comunión? ¿te acordas como se llamaba la/el catequista? ¿Cuál es el recuerdo más lindo que te quedó?v ¿Te acordas quien te invitó al grupo? ¿Cómo fue?v ¿Cómo fue que te fuiste haciendo más amiga/o de Jesús?
Reflexión de la experiencia: Te sugerimos una pequeña reflexión pero que necesita ser adaptada a tus palabras, te puede servir leer nuevamente los números de EG que mencionamos arriba. Todos hemos sido en un momento “misionados”, nadie puede decir que por sus solas fuerzas “encontró a Jesús”; más bien es al revés, siempre somos “primereados” por él, encontrados primero por Dios. Pero Dios se vale muchas veces de instrumentos humanos, es por eso que dejó a su Iglesia la misión de anunciar la salvación a todos en todos los tiempos. Si miramos nuestra historia podemos ver que muchas personas nos “regalaron la fe”, nos “misionaron”; ellos son la Iglesia que nos anunciaba a Jesús. Pero éste don que recibimos, Jesús, no es algo que podemos guardarlo para nosotros solos, sino que está llamado a comunicarse, a entregárselo a los demás. Hoy, nuestro grupo como comunidad de discípulos-misioneros es un eslabón de la cadena que va desde Jesús hasta el fin del mundo anunciando su amor. Nadie puede decir “yo no soy misionero” o “que voy a decir yo, no sirvo para eso”. Dios nos capacita y nos lanza a salir de nosotros mismos y a sumarnos a la “aventura de misionar”. Pero ¿qué es lo que vamos a anunciar? Dejémonos iluminar por la Palabra.
Iluminación con la Palabra: En este momento proclamamos la Palabra de Dios que es el eje de todo nuestro encuentro, ella ilumina nuestras experiencias y las orienta según el corazón del Padre. Te puede ayudar designar a alguien antes que sea el que va a leer, también hacer algún canto, etc. La idea es marcar la centralidad del momento.
v La lectura es Hch. 3, 1-8. Luego de proclamar la Palabra hacemos un ratito de silencio para que haga eco en los corazones, y luego preguntales ¿Qué fue lo que Pedro y Juan le dieron al paralítico? ¿Por qué era eso más importante que el oro y la plata?
v Luego de escuchar algunas respuestas armamos grupos de tres o cuatro con la consigna de que piensen qué harían y dirían (es decir cómo misionarían) si tuvieran que ir a misionar en una casa donde el que le recibe: no tiene trabajo, es un/a joven, recién tuvo un hijo, se le murió un familiar cercano, no sabe qué hacer con su vida, etc. Podes pensar más situaciones de acuerdo con la cantidad de grupos.
v Por ultimo ponemos en común lo hablado. Recordá guiar el momento para “no irse por las ramas”.
Reflexión: Te puede servir leer EG 10, 12, 20, 21 para las características de un misionero, y EG 264 y 266 para el contenido de la misión. Recordá también que estas palabras que siguen son una “guía” que podes adaptarlas y decir lo mismo con tu propia manera de expresarte. Un misionero es un discípulo de Jesús, siempre puede aprender más del Maestro porque nadie jamás se “recibe e cristiano”. Y como es discípulo de Jesús es una “vasija que lleva el tesoro del amor de Dios” que lo salvó, que cambió su vida, que lo hizo un hombre nuevo o una mujer nueva. Esto es lo que anunciamos, no son muchas ideas o enseñanzas de cómo hay que actuar; lo que anunciamos al misionar es a Jesús, le hablamos a los demás de Cristo porque estamos convencido de que él es lo mejor que nos pasó en la vida y que tiene la fuerza para transformar la vida de todos. (Podes colocar en el centro un cartel que diga “ENAMORADO”) Un discípulo misionero es un enamorado de Jesús, y porque se siente amado y lo ama no puede guardarse esa alegría para el solo quiere contársela a todo el mundo. Un discípulo misionero es alguien valiente (podes colocar en el centro un cartel que diga “VALIENTE”) porque se anima a arriesgarse, abandonar la seguridad de la orilla y se navegar más adentro. Por eso está siempre “en salida”, porque no entiende ser discípulo misionero sin hacer que otros también lo sean, su vida entera es misión, la misión es su estilo de vida. Un discípulo misionero es también generoso, su existencia entera la entrega para transmitir la VIDA DE DIOS a los que lo rodean. (Podes colocar un cartel que diga “GENEROSO” y otro “la vida crece cuando a medida se la entrega para dar vida a los otros.) Si queremos ser discípulos misioneros de Jesús estamos llamados a salir de nosotros, a ser Iglesia en salida, que dar la vida de Dios a todos sin excepción. ¿CÓMO ES ESTO POSIBLE? Por la fuerza del Espíritu Santo que nos quiere trasformar en misioneros con Espíritu.
Oración final: Pasamos al último momento del encuentro que es la oración. Nos vamos a centrar en pedirle a Dios el don de su Espíritu para que nos convierta en misioneros con Espíritu, puede ayudarte leer EG 259 que está en el anexo. Te sugerimos acompañar este momento con cantos, un buen lugar para hacer esta oración puede ser la capilla del Santísimo y se pueden usar signos como las velas encendidas para simbolizar la luz del Espíritu que se enciende. Este momento es muy flexible y podes ser creativo/a al prepararlo según lo que te inspire Dios.
v Podemos comenzar haciendo un canto y rezando, nuevamente la oración del Espíritu Santo.
v Ayudarles a comprender a los chicos la importancia de clamar pidiendo el don del Espíritu, y que él es el protagonista de la misión, el que la inicia, la sostiene y la lleva a su fin. Por eso pueden hacerse oraciones guiadas entregándole al Señor nuestras vidas, nuestro deseo de enamorarnos de Él, de ser valientes y generosos, de ir más allá de las comodidades y encierros hacia los que más necesitan de Dios.
v Podemos leer el texto de Hch 2, 1-4 y acercarnos a encender nuestra velita de otra que puede estar en el centro o frente al Sagrario. Ella simboliza el fuego del Espíritu que arde en nosotros.
v Para concluir le damos gracias a Dios por llamarnos y hacernos discípulos misioneros suyos y tomamos en compromiso de anunciarlo siempre con nuestra vida, con palabras y obras.
